Hace casi dos años dejé un puerto seguro para tomarme un año sabático para después comenzar una nueva andadura con los transportes por carretera con mi pequeña furgoneta.
No voy a negar que tiene días duros, como todo, días en los que te apetece cualquier cosa menos levantar el teléfono,(expresión del pleistoceno, época de la cual soy originario), y atender una pequeña mudanza en Valencia.
Seguro que mas adelante os contaré en que ha consistido el 2023 pero ya os adelanto que movidito.
La cuestión es que, con unas circunstancias personales interesantes, hay días que no me apetece moverme por 50 pavos.
A pesar de ello, si algo me mueve es el compromiso, y dar mi palabra es sagrado, tanto que ya tiene que ser gorda la excusa para no cumplirla.
Con todo esto, me presenté este sábado a las 12 para la pequeña mudanza, no tenía mucho, tan sólo una bicicleta que se quedó fuera porque venían más bolsas y maletas de las esperadas.
Cerramos puertas y me dirigí a destino mientras la chica con su papi se movían más lento hasta llegar al patio con todo ya bajado.
- Gracias por todas las molestias. Toma tus 50 más 10 de propina.
- Wow, pues genial. Dame un beso!
Así nos despedimos, dejándome aparte esta reseña:

Ahora viene la segunda parte de todo esto:
Me cambió el ánimo. Es un detalle tonto o sutil, pero sentirme valorado por otra persona me dio un ligero empuje para sacar una sonrisa y cuando eso sucede, ya no soy el mismo a la hora de saludar, ni mandar whatsapps a la gente que quiero, tampoco preparo las mismas comidas, ni canto las mismas canciones. Ya se que los manuales de autoayuda nos indican con claridad que no debemos alterarnos por las situaciones externas. Supuestamente nuestro estado de ánimo es algo que uno debe decidir salga el sol, llueva o caigan chuzos de punta pero amigo, amiga, en el mundosobreruedas en el que existo hay días de mierda y por eso, tiene más valor, extraer un poco de aire puro.
Con todo esto, me pregunto, ¿cuál es el valor de una propina?
A mi me dejó pensando. :)
