¡¡Buenas!!
Hoy os traigo mi última aventura Valencia-Ibiza-Valencia para transportar una pequeña embarcación a motor, a partir de ahora, podemos llamarla por su nombre, Rosita.
*Recordar que La Nena es mi furgoneta.
La Nena-Rosita, Rosita-La Nena, ¡menuda pareja!

Preparando el viaje desde Valencia a Ibiza
C. me contactó hará cosa de mes y medio. Comenzamos a darle forma al viaje, estuve mirando navieras, medidas, pesos, remolques para la embarcación, precio, (aquí os digo que en ningún momento C. me puso problemas con el mismo, ¿será que soy barato? ¡Lo iré revisando! Ajaja
El viaje va en serio
Hace cuatro días me indicó que tenía toda la documentación preparada y que fuera cuanto antes. Joder, mientras escribo me paro a pensar en quien ha sido la sacrificada en este asunto. Hoy 16 de noviembre, era un día importante, ¿verdad baby?
¡¡Sigooo!!
Ayer a mediodía fui a ver a C. Nos conocimos en persona, compramos los billetes por internet, me adelantó un tanto a cuenta, le dejé mi dni y me fui por la tarde a por el remolque que junto a La Nena, alcanzaban la nada despreciable cifra de doce metros. Adjunto video reportaje al efecto:

Con ese pedazo de bicho me dirigí al puerto de Valencia y justo a veinte metros de la barrera de entrada…¡Zas! Se me cayó el soporte de los intermitentes traseros del remolque, un fallo de soldadura. A mi que me pilló de nuevo, que no llevaba el kit repara-soldaduras de acero al niquel-cromo-vanadio-tungsteno , que tampoco andaba muy fino de ideas, me dio por resolver la ecuación de cuarta incógnita con un ovillo de lana que tenía en mi misma puerta.
Por favor, ¡que a nadie se le ocurra preguntarme cómo diablos tenía yo un ovillo de lana porque los archivos de memoria histórica que obran en mi poder son más recientes!
Y que si, que como podéis ver en la foto… ¡Que tengo una lanaaaaa! jajaja

Con todo ello, se me acercó un coche de la guardia civil, ya era de noche, pero observé una retaíla de dientes blancos a los cuales no di crédito.
-Buenas noches, -sonrió el agente- ¿se encuentra bien? ¿necesita algo?
-Nada agente, no se preocupe. Se me ha desmontado la soldadura pero enseguida lo arreglo. -Pero mira que eran majos los agentes-.
Continué camino hasta la barrera, otro agente majo me preguntó y le corté diciendo que quería llegar al barco.
¿Pa qué? ¿para qué diablos me dio por hablar? Veinte metros más adelante, la lana de alta resistencia fue cortada en sus innumerables vueltas por las vibraciones del soporte, el cual sin mayor problema y sin sentimiento alguno de culpa y con una pereza inusual…se volvió a caer al suelo.
Ahora si, con menos tiempo disponible, rebuscando, encontré en la citada puerta de mi lado, un cable eléctrico, el cual utilicé junto a más lana para rodear el cuello del soporte y apretar, con ganas eh, hasta que le vi los ojos desorbitados, la cara hinchada de color oscuro y bla bla bla.
El soporte ya no dio problemas en todo el viaje. 😊
Así con todo, me presenté en la zona de embarque, me dio tiempo a hacer algún videíto mientras observaba a los camiones subiendo la rampa. Me preguntaba cómo sería mi momento de subir y mientras, seguía aprendiendo de los profesionales de la carretera con lo que las dos horas de espera se pasaron volando.
Nada, que no hubo thriller, la experiencia hace la maestro y tanto subir como bajar del barco, con ayuda de los profesionales que trabajan allí fue coser y cantar….de momento.
A las 6 de la mañana llegaba a Ibiza, camino del puerto naútico, me atendieron estupendamente y Rosita fue subida al remolque, bien sujeta para todo el viaje.

Desayuné allí mismo y comenzó la andadura hacia el puerto.
Me presenté en la explanada junto a la rampa del barco, al lado izquierdo una furgoneta, al derecho un mercedes y detrás una retaíla de vehículos.
En el momento de embarcar y por cosas de la logística, el señor de chaleco verde, rostro serio, lápiz en mano y brazo ligero de movimientos (observé durante la espera que para decirle a los camioneros que entraran marcha atrás se tocaba el culo), levantó la mano señalándome. “Nene, padentro!”
Comencé a moverme a una velocidad de crucero de 0,000004 km/h, velocidad arriesgada sin duda, que me impidió observar que la barca se aproximaba al retrovisor derecho de la furgoneta que andaba a mi izquierda. Con una velocidad tan pronunciada, no me dio tiempo a reaccionar, entiendo que la inercia de la MMR ,masa total remolcada del conjunto, no ayudó, frené…tarde.
No fue el ruido de la colisión, tampoco las vibraciones normales de un impacto a tan alta velocidad, no, lo que me impactó fue ver una poblada barba roja con unas más pobladas cejas del tipo nórdico propietario de la furgoneta en un movimiento sacado de unos dibujos animados. ¡Era el mismísimo hijo de Odín! y que a pesar de los doce metros, gesticulaba con los brazos, pecho hinchado, y las citadas barba y cejas. ¡Qué miedoooo!
Paré el convoy en seco, me salí del vehículo con la cara de sorpresa del responsable de tráfico del puerto (el famoso hombre del chaleco verde), y me acerqué al escandinavo que con un gesto conciliador me decía “No problem baby”.
Ufff, me subí de nuevo y para la rampa.
Y menuda rampa, a mitad de ascensión, La Nena optó por calarse, (si si, la Nena se llama así porque tiene vida propia), y me planté en el descansillo de la rampa con el motor parado y quinientos quilos en mi espalda.
Encendí el motor, aceleré, solté el embrague al tiempo que soltaba el freno de mano:
Según me comentó después mi asesor contable, la operación tuvo el siguiente gasto:
16 euros de neumáticos.
23 euros de embraque.
El acero de la rampa, desgaste inapreciable.
Una vez en el barco, charlando con algún testigo me decía, _-nada hombre, la próxima vez tira un poco marcha atrás- parece que tuve mi momento de gloria con todos los conductores presenciando la escena.
Finalmente, me dieron prioridad máxima para la salida. ¡¡Estaba el primero!!

Llegados a este punto quiero mencionar al personal del barco, gente majísima que por lo que pude saber se tiran dos meses sin bajar del barco. Siempre con una sonrisa y una fuerza mental increíble. ¡Olé!
Y esto incluye al señor del chaleco verde que en el último instante aún se atrevió a meter la mano debajo de la Nena para quitar las cuñas y dejarme escapar.
También me gustó ver la ilusión de C. durante todo el viaje por las fotos que le iba mandando de todo el proceso y de D. que me dejó el remolque.
Aquí la llegada al Club Náutico de Valencia.

Y todo esto en menos de veinticuatro horas. Éxito total. Espero que vengan más de estas.
Aquí os dejo la reseña en google.

¡Hasta la próxima!
