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transporte moto al desguace

¡Hola familia!

Hoy tenía programado llevar un ciclomotor al desguace.

La operación era sencilla. Cargar la moto a las 10 a.m. en Mislata e ir a Quart de Poblet. En poco más de media hora habría terminado.

Sin embargo, la mañana se presentó con lluvia y lo mejor era meter a la pequeña Puch Suzuki Lido Vario dentro del furgón (ya os lo presentaré que voy con retraso).

transporte ciclomotor valencia

Al meterme en la calle buscando dónde aparcar, Eli y un servidor cruzamos miradas, hicimos el gesto de reconocernos a través del cristal y terminé aparcando en la acera. Luego le pedí que me presentara a su pequeña.

La moto era una joya de los años 80, había sido un regalo de juventud para el cual ella, según me confesó, no estuvo preparada. Mientras hacía vida en la Britania, la pequeña moto envejecía en un bajo de Mislata.

Ahora pasados 25 años, volvía a reencontrarse con el amigo que se la regaló para por fin, ir juntos a darla de baja y cerrar una etapa.

Eli, con el rostro dispuesto siempre a sonreír, el pelo corto traído de las islas, mirada azul cristal y su aura sacada de un bosque de tejos, me introdujo sin yo buscarlo dentro de una historia en la que dejé de llamarme Fran.

-Eres Hermes, el mensajero de los Dioses. Una divinidad que media entre dos mundos. Por fin voy a poder cerrar un ciclo devolviendo esta moto y es gracias a ti.

No tardé mucho en creerme el papel. Allá nos fuimos camino de Hades, el reino del inframundo, entre brotes verdes de mitología.

El desguace dejó de ser un desguace, la moto se convirtió en Perséfone, la joven raptada, y Eli, dejó de ser Eli para ser Artemisa, la guardiana de los bosques.

suzuki lido vario en el desguace de valencia quart de poblet

Con el olor húmedo de la lluvia llegamos al reino de la destrucción (si, si, el desguace de Quart)y nos encontramos con su amigo. De corazón, nuestra Artemisa, quiso expresar el agradecimiento y la compensación por tantos años donde la cría de goma y metal quedó aparcada en el olvido.

Mi sola presencia, recordad que me llamo Hermes, fue suficiente para que entre ellos se llegara a un pacto. Ese era mi cometido.

clientes contentos al terminar el transporte de moto

Después nos fuimos a almorzar, hubieron abrazos y una sentida despedida.

Y ahora que han pasado las horas, con la ciudad mojándome la cara, el sol cerrado por mal tiempo y cualquier rincón convertido en un lugar oscuro, vuelvo a una realidad para la que no estoy preparado.

Ahí fuera, una urbe de atascos y sirenas, y dentro de mi un mundo de fantasía.

El viento habla, hoy es el viento el verdadero mensajero de los Dioses.

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