Pip: Dos mil doscientos kilómetros en tres días, una gata con identidad en disputa, dos perros mudos y una IA posiblemente poseída. Bienvenidos a tumundosobreruedas.com.
Mara: Hoy repasamos la crónica de viaje que Fran Robles ha publicado esta semana: transporte combinado de mascotas y mudanza por media España, con ChatGPT como copiloto mecánico y, al final, como sujeto de un exorcismo lingüístico. Empecemos con la ruta.
Ruta 666. El exorcismo de ChatGPT
Pip: El punto de partida aquí no es un destino ni una tarifa, es la pregunta de si un furgón con la transmisión rota y la luz trasera muerta puede completar un encargo que atraviesa Toledo, Salamanca, Galicia, Zaragoza y Tarragona. Eso es lo que el texto pone sobre la mesa desde el primer párrafo.
Mara: La situación mecánica queda clara desde el principio: «Bollito, mi furgón, con problemas de luz de posición trasera y fuelle de transmisión roto. Ya os adelanto que me va a tocar cambiar la transmisión completa.»
Pip: O sea que el viaje arranca ya en modo gestión de daños. La luz trasera se resuelve con las antinieblas encendidas, y el palier recibe una capa de grasa de litio aplicada cuerpo a tierra en Motilla del Palancar. Soluciones de campo, no de taller.
Mara: Y ChatGPT aparece en ambos frentes. Primero como guía de diagnóstico eléctrico, revisando bombilla, caja de fusibles y caja de relés. Después dando instrucciones para cambiar el palier manualmente, algo que el texto apunta como posible proyecto futuro con piezas de desguace y box alquilado.
Pip: Luego está la gata. Que se llama Lola. O Luna. Dependiendo de a quién le preguntes.
Mara: El texto lo desglosa con precisión: el criador la llamaba Lola, la futura dueña decía Luna, la canción elegida de Café Quijano decía Lola, y la documentación veterinaria no ponía nombre. La resolución final es que se llama Luna, pero con Lola como nombre artístico.
Pip: Identidad por consenso democrático entre partes interesadas. Muy razonable.
Mara: El viaje también incluye una parada ante los montes quemados de Ourense, donde el texto lanza un manifiesto directo: prohibir cualquier intervención humana en territorios quemados, dejar que la naturaleza se recupere sola. Y la confirmación de los aldeanos de que el fuego se provocó desde varios puntos simultáneos.
Pip: La segunda mitad del trayecto la comparte con Maite, una clienta que lleva tres meses en un santuario gallego y sube al furgón con ganas de fumar, hablar y cantar. El texto la describe con una frase que vale la pena leer entera.
Mara: «Mujer menuda, jovial, con ojos y labios listos para afrontar el futuro, me dio aliento y entretenimiento en toda la travesía.»
Pip: Y de ahí, casi sin transición, llega el exorcismo. Porque al final del viaje, tomando una cerveza, la pregunta sobre por qué ChatGPT responde en portugués deriva en una investigación teológico-jurídica sobre exorcismos, que deriva en acusar a la IA de hablar en lenguas extrañas, que es síntoma clásico de posesión.
Mara: ChatGPT responde con detalle canónico y legal: el ritual está regulado por el Rituale Romanum, solo un sacerdote autorizado por su obispo puede realizarlo, y en ningún caso es legal atar a nadie aunque la familia lo consienta. Después diagnostica su propio problema como un «poltergeist lingüístico» del transcriptor de audio.
Pip: El transcriptor convierte el castellano en gallego porque los fonemas son parecidos. La IA no está poseída. El ritual de auto-exorcismo que genera de todas formas incluye tres Avemarías adaptadas y dos Padrenuestros con gramática como virtud teologal.
Mara: El texto cierra con una imagen concreta: terminado el reparto de la gata en Tarragona, los perros en Zaragoza y la mudanza de Maite, la sensación descrita es de «mucha paz», comparable a la de Papá Noel al terminar su ronda. El viaje como trabajo bien hecho, con todo lo que salió mal por el camino.
Pip: Un furgón averiado, una IA con acento gallego y una clienta que sale de un convento cantando. Hay peores formas de cruzar España.
Mara: Lo que queda es la idea de que el viaje absorbe todo eso, lo mecánico, lo humano, lo absurdo, y lo devuelve como algo con sentido. Hasta la próxima ruta.
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